viernes 11 de noviembre de 2011

¡Hey! Lo nuestro es interminable - Charly García en el Gran Rex, 11/11/11

El más grande volvió y el más grande sigue volviendo. Charly García continúa con su serie de tres shows en el Gran Rex, cada uno con un set list diferente, que repasa de forma arbitraria su vasta carrera.

El 11/11/11 fue el turno de El ángel vigía y así arrancó apenas pasadas las 21 (esta nueva versión de Charly incluye puntualidad) con la lista de temas prometida en el sobrio y elegante folleto del show. «Piano bar», «Canción de 2x3» o «Plateado sobre plateado» (dedicada a Gustavo Cerati porque “parece una canción de él”) fueron algunas de las piezas que se destacaron en la primera parte del, hasta el momento, prolijo show.

Charly mantuvo la banda que lo viene acompañando desde aquella vuelta en el 2009 que tuvo su punto cúlmine el día de su cumpleaños bajo la lluvia torrencial en el estadio de Vélez y que devino en su CD+DVD El concierto subacuático. Cambió a Hilda por Rosario Ortega (si bien cumplió, está claro que no es Hilda), agregó a Samalea (que se lució con el bandoneón, el vibraphone y algunos elementos de percusión) y a un trío de cuerdas comandado por Alejandro Terán (que le aportó a la banda la delicadeza que necesitan algunas canciones, casos «Eiti-Leda» o «Desarma y sangra»).

Después de la primera parte, hubo un intermedio en el que se proyectó una parte de El perro andaluz de Buñuel, mientras Graciela Borges recitaba frases de las canciones de Charly, frases que tan bien funcionan en cualquier contexto. También estuvo presente la voz de Juan Alberto Badía a lo largo de todo el show, leyendo frases de Say No More o el cuento que Charly escribió para Sinfonías para adolescentes.

La segunda parte pareció que iba a mantener la estructura propuesta pero comenzó a degenerarse por diversos motivos. Primero Juanse, invitado a tocar y cantar «La sal no sala», una canción que no estaba en los planes, ni siquiera en los demás conciertos. Después vino la advertencia de Charly que a las 11:11 iba a transmitir en directo a través de internet y, al ver que no llegaba a esa hora con el show pactado, comenzó a hacer tiempo incorporando canciones de las otras dos fechas: «Cerca de la revolución», «Me siento mucho mejor», «Instituciones» o «Canción de Alicia en el país» fueron algunas de las más celebradas, aunque suene extraño decir esto con García. Hace rato que sus canciones no distinguen entre hit o no hit, casi cualquier parte de su obra se transformó en “una que sepamos todos”, en un patrimonio invaluable de la cultura argentina.

También llegó Fito Páez como invitado e interpretó junto a Charly la ya mencionada «Desarma y sangra» y una versión furiosa de «No se va a llamar mi amor».

Los generosos bises (con Fito aún presente en el piano), en los que García “tomó prestadas” canciones de los otros dos shows, extendieron la noche hasta casi las tres horas de duración y el prócer del rock nacional se despidió con «No voy en tren» cerca de los primeros minutos del 12/11/11.

Esta serie de recitales lo muestran a Charly García en plena etapa de recuperación, y aunque sabemos que el proceso es largo, por el momento parece que está dando resultado, al menos para honrar su carrera que tanto se lo merece.

domingo 11 de septiembre de 2011

Roger Waters - The collection


Si tenemos en cuenta la especial atención que Pink Floyd suele dedicarle al arte que acompaña su música, este box set -que contiene toda la carrera solista del cerebro creador de la banda- resulta escaso. Apenas un puñado de sobres con los discos y un pequeño libro que acompaña y provee la información mínima y necesaria de cada grabación, todo dentro de una caja de cartón llena de frases de sus canciones a modo de prolijos graffitis. No hubo lugar para ediciones más generosas con letras y fotos (que suele ser el valor agregado que los fetichistas pagamos por estas reediciones) ni mucho menos un disco extra con sus “non-album-tracks” a lo largo de su carrera («Each small candle», «Leaving Beirut» o «To kill the child» por nombrar algunos).

Pero podemos aprovechar para hacer un pequeño repaso de lo que fue la carrera de Waters fuera de Pink Floyd. Su debut fue en 1984 con The pros and cons of hitch hiking, una suerte de continuación de The final cut (último trabajo con Floyd en 1983) que bien se puede definir al equivalente en música de una road movie. Cuenta con Eric Clapton en la guitarra para reemplazar los solos de Gilmour. Predominan los climas tensos que rompen en esos gritos de Waters que tan bien usó en The Wall y de los que tanto abusó en el mencionado The final cut.

En 1987 aparece Radio KAOS, en el que las canciones muestran una estructura más orientada al pop pero en ningún momento abandona la idea del disco conceptual. No hay forma que Waters entienda los discos de otra forma. En este trabajo aparece la influencia de la época, por momentos el disco suena a los '80: la fuerza rítmica, la forma en que utiliza los vientos y por supuesto, los gélidos teclados y la batería electrónica.

Pero el disco que hace que toda su carrera solista valga la pena es Amused to death (1992). El único momento en el que Roger logra el vuelo de los mejores trabajos de Pink Floyd gracias a que no intenta parecerse a su vieja banda (aunque por motivos lógicos no puede evitarlo), sino que escribe canciones funcionales para contar su historia. Vuelven los temas recurrentes de siempre: la guerra (y lo absurdo de la guerra), el cuestionamiento de los dogmas establecidos, el papel de los medios. Aunque podemos observar que hay un cambio de enfoque, un Roger seguramente más maduro, pasa del insensible y confortablemente entumecido Pink al relator de la realidad que se sorprende de su propia compasión (“What does it mean / this tearjerking scene / beamed into my home / that it moves me so much / why all the fuss? / it’s only two humans being”). Y si hay algo que Roger sabe hacer es tocar fibras sensibles con trucos simples pero efectivos: la multitud cantando «Perfect sense», el contraste de los matices o sólo el relato de «Watching TV» en el que interpela al oyente a participar emocionalmente del asesinato de una manifestante china en la protesta de 1989 en la plaza Tiananmen: “Won’t you grieve with me?”. El trabajo de reemplazar los solos de guitarra de Gilmour recae en este caso en Jeff Beck que hace una gran tarea especialmente en la hipnótica «Three wishes». Si algo se le puede criticar al álbum es su extensión. Para ser un disco simple más de 70 minutos es demasiado (apenas nueve minutos menos que el total de ambos discos de the Wall), pero si nos ponemos rigurosos, no hay demasiado material que sobre.

Hasta aquí podemos contar la carrera solista tradicional de Mr. Waters, lo que vino después fue una cuestionada ópera titulada Ça Ira sobre la revolución francesa y, previo a eso, el doble registro (tanto en audio como en video) de lo que fue su gira de comienzos de siglo. La misma gira que lo trajo a Buenos Aires por primera vez en marzo del 2002 cuando realizó un mísero concierto en Vélez (que llenó a duras penas) mientras que hoy agotó ocho estadios de River Plate en cuestión de horas. Quizás ayude a explicar semejante diferencia de público la crisis que vivía el país durante el 2002 contrastada con la prosperidad de hoy. Pero más seguramente fue la intención de Roger (a fuerza de giras temáticas) de dejar en claro durante estos años que Pink Floyd es él. En los noventa Gilmour y compañía tuvieron el nombre, la gira maratónica, el círculo de luces y el disco que titila, Roger reclamó su derecho a ser Pink Floyd con su voz y sus canciones. Podría decirse que se lo ganó, pero lo cierto es que siempre fue suyo.

sábado 16 de octubre de 2010

Regina Spektor - Gran Rex 7/11/10


Junto a una inusual formación (violín, violoncello y batería, además de su piano y su ocasional guitarra), la cantante nacida en Moscú y establecida en Nueva York ofreció un concierto impecable para el público argentino.
Se basó en las canciones de Far, su trabajo más reciente, que ocupó la mitad del concierto. De las trece canciones que integran el disco interpretó diez, que fueron la mitad del total del concierto. Pero no se olvidó de algunos clásicos y de su puñado de hits. No faltaron los obvios «Samson», «Us» y «Fidelity» (el encore con el que se despidió); tampoco la intensidad de «Après moi», el desparpajo de «Poor little rich boy» (en el que Regina, como siempre, se acompañó con su mano izquierda en el piano y su mano derecha golpeando una silla con una baqueta) o su número fijo en vivo, «Boobing for apples» (el único que no aparece en ninguno de sus trabajos,el resto pertenecen todos a Soviet Kitsch y Begin to hope) y en el que toma la guitarra para interpretarlo. Estas son las muestras de lo que Regina fue y son los pasos que transitó para convertirse en lo que es: una brillante compositora de canciones, una cantautora moderna. De eso se trata Far, una colección de canciones de una artista madura, que dejó atrás todos los rastros de sus influencias (clásica, freak folk, anti folk, jazz, blues) o más bien las incorporó y las fusionó con su estilo hasta hacerlas imperceptibles.
Lo que queda es 100% Regina y eso es lo que vino a presentar, su nuevo repertorio de clásicos instantáneos. Así pasaron «Laughing with», «Machine», «Human of the year» y «Dance anthem of the 80s» entre otras, que muestran la diversidad de la rusa a la hora de escribir.
Ahora pasamos de la Regina compositora a la Regina intérprete. Cada vez que uno la escucha aparece esa sensación de que Spektor es capaz de hacer lo que sea con su piano y con su voz. Su técnica perfecta con el instrumento y sus dotes vocales naturales la hacen sobresalir en este aspecto. Pero por otro lado, su forma precaria de tocar la guitarra y esa mezcla de timidez y dulzura la humanizan, le dan al espectáculo cierta cuota de calidez.
No hubo demasiada comunicación con el público, salvo por ocasionales “holas” y “muchas gracias” y un episodio en el que desparramó su té y un asistente comenzó a limpiar. “Siento que lo tengo como a Cenicienta” disparó sagaz Regina entre las risas de la audiencia.
Como es costumbre en la rusa, la extensión del show no fue demasiada, apenas llegó a la hora y media, pero le bastó para deslumbrar al público argentino y despedirse sin grandes pompas ni reverencias. 100% Regina, 100% artista.


lunes 15 de marzo de 2010

Peter Gabriel - Scratch my back


Antes que nada, vale aclarar que esto no es un disco de covers. Al menos no es el típico disco de covers. Lo sorprendente de Scratch my back es la forma en que todas las canciones, que provienen de géneros y artistas variados, confluyen en un sonido completamente “gabrielizado”. Cualquiera juraría que es un disco de estudio con canciones nuevas de Peter Gabriel.
Los artistas elegidos no solo son homenajeados sino que entran en el juego que propone Peter Gabriel. En este disco (Scratch my back) son versionados, en el próximo de la serie (And I’ll scratch yours) tienen que elegir un tema de Gabriel para versionar. De esta forma ahora tenemos a Peter con su propia visión de canciones de artistas consagrados como David Bowie (el único que no aceptó participar del intercambio) o Lou Reed, Radiohead y Paul Simon, o de nuevos valores como Arcade Fire, Bon Iver o Regina Spektor.
Este juego de ida y vuelta con los artistas es, como siempre, lo que Peter Gabriel está proponiendo es su constante búsqueda por ir más allá, por hacer del arte algo dinámico, algo en movimiento.
La consigna que Gabriel manejó para grabar este disco fue simple “Orchestra, no drums, no guitars”. Quiso que el protagonista sea la orquesta, además de unos delicados aportes del piano. Esto le da al disco un tono intimista y a la vez intenso. Peter le imprime gravedad a las canciones y transforma por completo, por ejemplo, «The boy in the bubble» de Paul Simon o «Street spirit (fade out)» de Radiohead.
Entre los temas a destacar aparece «The book of love» de The Magnetic Fields (la única canción del disco que ya había editado previamente), con un maravilloso arreglo orquestal y la dulce voz de Melanie, su hija, haciendo las armonías vocales.
«My body is a cage» de Arcade Fire es una de las versiones más poderosas del disco (quizás junto a «Flume» de Bon Iver), la orquesta realmente se luce en un crescendo constante junto a la voz de Peter.
Pero la versión más lograda del disco es «Après moi», de Regina Spektor. La canción de por sí, la versión original de Regina, es de una intensidad sorprendente. Peter Gabriel retoma esta energía a su manera. Se pierden los rastros soviéticos de la Spektor y aparece el ímpetu de Peter Gabriel. Comienza con su calma característica, para ir aumentando los decibeles emocionales con su voz –única- desangrándose hacia el final de la canción, para retomar la calma finalmente.
El cierre del disco es con «Street spirit (fade out)», y lo que Peter retoma en este caso es la desolación propia de Radiohead y, nuevamente, a su manera particular. La lentitud con la que avanza la canción es desesperante, con la voz de Peter casi susurrando y quebrándose sobre un arreglo de piano brillante.
El resultado del disco es notable, Peter logra que el disco no sea un simple disco de covers, sino algo más. La mirada que tiene Gabriel sobre algunos de sus artistas preferidos, su forma de deformarlos o volver a construirlos.
Seguramente se le critique a este disco cierta monotonía, cierta insistencia de Peter con los momentos oscuros y melancólicos. Por supuesto, estarán todos equivocados, con Peter Gabriel nunca es demasiada oscuridad.


miércoles 3 de marzo de 2010

Joanna Newsom - Have one on me


Esta chica que deslumbró en el 2006 gracias a su belleza, su originalidad y su disco Ys, volvió después de cuatro años con un disco triple.
Ya comienzan a levantarse las voces que califican a los tres discos de exagerados pero no hay nada que sobre en Have one on me. Hay una cohesión en el sonido general del disco, más allá de la variedad que incorpora Joanna en este nuevo trabajo: orquestaciones, instrumentos un poco más convencionales (piano y percusión especialmente) y su ya conocida y celebrada arpa.
A su vez, el disco no logra aburrir. Las dos horas y moneda que dura Have one on me (podría haber sido un disco doble si tenemos en cuenta la duración, pero alguna razón tendrá Joanna para este tipo de recorte) transcurren amablemente. Después de unos minutos, la voz chillona se vuelve adorable, su arpa es el mejor acompañamiento que esa voz puede tener, y no deja de asombrar su capacidad para escribir letras épicas (prácticamente no repite versos en todo el disco) llenas de fabulaciones.
«Good intentions paving company» es la primer canción que sobresale. Difiere bastante del trabajo que venía haciendo la Newsom, pero sin perder su esencia. Si algo no se le puede discutir a esta chica, es que es única. Apoyada sobre el piano, la canción comienza su andar y Joanna la lleva cómodamente, demostrando su versatilidad para ir más allá de las baladas con su arpa.
En seguida llega la belleza de «No provenance», los brillantes arreglos orquestales de «Easy» o «Kingfisher», la delicadeza de «In California» o las aspiraciones de clásico inmediato que aparecen en «Esme».
Con esto, y mucho más, Joanna le da forma al mejor trabajo de su carrera, sin la timidez de The milk-eye mender, con más diversidad que Ys y con sus pretensiones épicas cumplidas.
Para el final aparece una Joanna reflexiva en la calma de «Does not suffice», una canción perfecta para cerrar el álbum y despedirse hasta la próxima obra.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Remasters of the universe: El box-set de The Beatles


Este blog se caracteriza por brindar noticias sobre música con cierto retraso. Es difícil que aparezca la crítica de un disco que acaba de salir, principalmente por holgazanería y otras obligaciones menos placenteras aunque más importantes. Pero también porque desde acá se cree que aquello que vale la pena comentar, vale la pena darle un tiempo de maduración y de reflexión. Es por eso que las novedades recién salidas del horno es mejor buscarlas en otro sitio. Hace tres meses y unos días que apareció el box-set de los Beatles y probablemente ya estén pensando que me tomé todo este tiempo para apreciar cada detalle de la carrera de los cuatro más famosos de Liverpool. La verdad es que no. Acabo de adquirir la caja recién ahora por motivos económicos y por compromisos que no me dejaban tiempo para prestarle la debida atención (mejor dicho, de haber tenido la caja antes, no hubiese cumplido con las obligaciones laborales y académicas). Tampoco dejé ningún tiempo de maduración del material, hace apenas unas horas que está sonando y todavía no llegué ni a la mitad (voy cronológicamente por Rubber Soul). De todas formas no hay mucho que se pueda decir de los Beatles que no se haya dicho ya.

La edición de Love, esa nueva mezcla que George Martin y su hijo hicieron para un espectáculo del Cirque du Soleil; la salida de One, ese compilado rojo con todos los number one singles; Let it be... naked, el último disco despojado de los agregados que excedían a los fab-four; los Anthologies en audio y video con las "novedades" de «Free as a bird» y «Real love»... podemos seguir así hasta un par de años después del final de los 60s, del final de los Beatles. Resulta que no pasan más de dos o tres años, sin que algo suceda en el mundo beatle y se desate una nueva beatlemanía.
En este caso la entrega era esperada y jugosa: la discografía completa de la banda más importante de la historia por primera vez remasterizada digitalmente (la única edición en CD hasta el momento, de 1987, tan sólo había sido un traspaso del vinilo al disco compacto, sin que el sonido recibiera algún tratamiento especial).

Lo primero a lo que uno está atento es a las diferencias con las viejas versiones. Es cierto, los discos suenan mejor y hay detalles que cambian, pero no es mi intención comentar sobre estas nimiedades, algo más importante esta ocurriendo: llegó al mundo el primer box-set que atesora todos los discos de los Beatles. Tener esta caja en las manos es tener la parte más importante de la cultura popular de los últimos 40 y pico de años.
Con el transcurso de los discos puede notarse la impresionante e inigualable evolución que mostraron los Beatles a lo largo de su carrera, en apenas siete años y trece discos. Nadie en la historia del rock creció tanto en tan poco tiempo. Porque ninguna banda de rock mostró la enorme evolución que mostraron Lennon, McCartney, Harrison y Starr desde los sencillos beats de Please please me hasta el atemporal Abbey Road, en apenas siete años, pasando por la psicodelia, el rock progresivo, los discos conceptuales, las influencias hindúes y todo tipo de experimentación.

Es imposible no hacerse eco de lo que se dijo de estas cajas. Se suele coincidir en una valoración totalmente positiva. En un imaginario ranking de boxes-sets, este tesoro no tendría competencia, es la madre de todas las cajas, la que uno llevaría a la isla desierta.
Entonces aparece la extraña paradoja que define a los Beatles: son personalmente universales. Todos tenemos historias individuales con su música, a todos nos acompañaron durante nuestra vida y cada uno experimenta esto de manera única y particular. Cada uno elige sus canciones o discos preferidos, su beatle favorito, su “quinto beatle” (de acuerdo a la simpatía que se le tenga a George Martin, Yoko Ono, Brian Epstein, Phil Spector, Billy Preston, etc.). Pero a su vez, estos acontecimientos nos unen a todos, todos revivimos la beatlemanía, cada uno cumple con su parte y se sabe miembro de un colectivo. Son universales porque despiertan el interés de los consumidores más allá del estrato social, religión, generación o lugar al que pertenezcan.

Vayamos entonces a que los Beatles sigan acompañándonos a través de nuestra vida. Nos encontramos dentro de dos o tres años, cuando tenga lugar la próxima de estas pequeñas revoluciones.

lunes 7 de diciembre de 2009

Eterno resplandor - Luis Alberto Spinetta – Estadio Vélez – 4/12/09


Pocos minutos antes de las 22 horas el “flaco” empezó su show antológico. Pasadas las 3:20 terminó. Fueron casi cinco horas y media de la música de Spinetta, uno de los dos próceres indiscutidos del rock argentino.
Ya se especulaba con un concierto de gran duración, dada la cantidad de temas que se venían ensayando, los innumerables invitados que se iban a sumar a la fiesta y la intención de recorrer toda su carrera.

Lo prometido se quedó corto. La lista de invitados fue apabullante, pasearon por el escenario de Liniers Javier Malosetti (además del bajo, tocó la batería durante el set de Los socios del Desierto, en lugar del fallecido Wirtz), Diego Rapoport, Beto Satragni, Leo Sujatovich, “Bocón” Frascino, Juanse, Ricardo Mollo y varios etcéteras más. También estuvieron los pesos pesados del rock vernáculo: Fito Páez, Gustavo Cerati y Charly García. Los tres fueron homenajeados por el dueño de la noche (el gesto de humildad que caracteriza a los grandes) con la interpretación de sus composiciones, respectivamente «Las cosas tienen movimiento», «Té para tres» y «Filosofía barata y zapatos de goma». Después de este último tema se pudo ver por segunda vez en poco más de un mes a los dos músicos más importantes que dio nuestro rock: Charly y el “flaco” interpretando «Rezo por vos». Casi como aquél 23 de octubre lluvioso (diluvioso mejor dicho) cuando el “flaco” era el invitado y Charly el anfitrión. Fue casi como estar en un universo paralelo; las similitudes y las diferencias de ambas noches así lo sugirieron. Las diferencias: la despiadada lluvia de Charly contra la agradable noche del “flaco”; la figura intensa de Charly rezando, en blanco y negro, que se proyectaba en la pantalla contra las formas y colores pseudo psicodélicos que aparecían detrás del flaco. Las similitudes: el profundo respeto y admiración que mostraron el uno por el otro durante ambas noches. Con esta reunión cumbre se cerró la primera mitad, por la que pasaron clásicos como «Alma de diamante», «Bajan», «Cementerio club» (el punteo de esta canción cobró, por una noche, el estatuto del mejor solo de Gilmour), «Ella también», y tantos otros, infinitos, eternos.

La segunda mitad comenzó con los sets de cada banda. Primero Los Socios del Desierto, con su power jazz-rock; después Invisible, con Pomo y Machi en perfecta forma interpretando brillantemente maravillas como «Durazno sangrando», «Jugo de lucuma» o «Lo que nos ocupa es esa abuela…». Más tarde fue el turno de Pescado Rabioso, el momento más festejado de la noche (sin contar la participación de Charly que fue something else) en el que Cutaia, Lebón, Black Amaya y la ayuda de Vadalá en el bajo nos regalaron «Poseído del alba», «Post-crucifixión» o «Me gusta ese tajo».
El final de esta mini cuenta regresiva de sus bandas de los setenta fue con Almendra. El “flaco” volvió a compartir el escenario con Edelmio Molinari, Emilio del Guercio y Rodolfo García para tocar joyas como «Color humano», «Hermano perro», «Fermín» y una versión fiel a la original de «Muchacha (ojos de papel)», el emblema de la banda, con los tres músicos alrededor del “flaco” y su guitarra. Como si el tiempo no hubiera pasado. Su tiempo es hoy.

El último bloque terminó con sus tres hits más conocidos, «Seguir viviendo sin tu amor», «Yo quiero ver un tren» y «No te alejes tanto de mí». En ese momento se dio algo que nadie jamás hubiera esperado que pase (pero que Spinetta tiene ampliamente merecido): miles de personas coreando los temas del flaco en un estadio casi lleno (faltaron vender algunas plateas, por lo que se veían algunos huecos que eran agrandados por algunos ingratos que comenzaban a abandonar el recinto antes de tiempo).
Para el final del show, Spinetta le regaló un gran “fuck you” a la revista Rolling Stone por haber recortado y photoshopeado su remera de Conduciendo a conciencia, la causa por la que el flaco viene luchando y colaborando en estos últimos tiempos.
Así se despidió, después de cinco horas y media, dejando en algunos la increíble sensación de que fue poco. Así de grande es el “flaco”.